Londres, 18 de Octubre de 2010, 18:57 hrs, el Presidente Piñera ingresa al auditorio principal del New Academic Building de The London School of Economics and Political Science (LSE) en medio de abundantes aplausos.
La cátedra de Piñera se inicia con 27 minutos de retraso, lo que no molesta a la mayoría de los más de 400 asistentes, divididos entre estudiantes chilenos y extranjeros en proporción cercana al ya chilenizado fifty-fifty. En la introducción, se cita el caso de los mineros por primera vez, y se le reconoce al Presidente su trayectoria académica y ser hijo de un ex funcionario público, omitiendo cualquier vínculo con el sector privado, ya sea presente o pasado.
El Presidente habla en un esforzado inglés, con buen dominio de vocabulario pero con frecuentes problemas de pronunciación. Sin embargo, al contrario de lo que nos tiene ya acostumbrados en español, restringe su oratoria a la expresión simple de situaciones, sin excesos ni redundancias al caracterizar las diferentes situaciones.
El discurso presidencial, ya presentado 10 horas antes a un grupo de empresarios británicos, responde básicamente al propósito del fomento de la inversión extranjera, pero ahora bajo el rótulo “The Chilean Way to Development” y con un público muy diferente. Plantea que la economía chilena creció a ritmos sobre el promedio mundial en el período 1986-1997, y bajo el promedio mundial entre 1997 y 2009, con el período de la Presidenta Bachelet como el peor de todos, con sólo un 2,8%. Los gráficos incluyen proyecciones imaginarias al futuro, e incluso muy apresuradas conclusiones sobre sus primeros 6 meses de gobierno. El acotado proyecto suyo es, entonces, que la economía crezca nuevamente al 6% y así duplicar el producto nacional en breves años. Temas como la pobreza, el desarrollo o la “excesiva desigualdad”, no toman más de breves segundos en el discurso presidencial.
Piñera hace 2 consideraciones finales al cerrar su exposición: una breve síntesis económica del impacto del terremoto, y una extendida alusión al caso de los 33 mineros de Atacama. Incluye un video de los mineros de muy modesta factura, en cuya introducción pregrabada en origen él mismo presenta la situación -en inglés- con las montañas de Atacama de fondo. Esas nimiedades no importan al constatar el tremendo impacto que el video provoca en la audiencia. Aplausos espontáneos se oyen, y me recuerdan comentarios previos en que la expresión “el presidente del caso de los mineros” fue usada por un estudiante para explicarle a su prójimo quién es ese tal “Piñera”.
Una vez más, se podría decir con abundante evidencia que la presentación presidencial no está al nivel de una visita de Estado, y probablemente tampoco destaque en sutilezas ni elegancia. Sin embargo, lo que más llama la atención es que la cátedra ofrecida por el Presidente de Chile en la que es considerada muchas veces la mejor universidad europea en ciencias sociales, se restrinja a la idea del fomento de la inversión, más alocuciones a 2 situaciones locales recientes cual bonus track.
Entre las preguntas más interesantes, se oye la de Hugo Rojas, estudiante chileno en LSE, en relación a qué medidas implementará su gobierno para el establecimiento definitivo de un Estado plurinacional y pluricultural, pero no recibe respuesta alguna. Y es que “los miners”, hoy por hoy, parecen entregar crédito político para lo que sea, incluso para que una muy deslucida presentación presidencial,con foco empresarial y llena de imprecisiones, se premie con aplausos y relativa popularidad en la LSE.
Fiel a su estilo, el Presidente no está conforme con lo anterior e incluye 2 videos más, ambos de muy dificultosa justificación: Usain Bolt batiendo el record de los 100 metros planos y Yelena Isinbayeva haciendo lo suyo en el salto con garrocha, bajo la colegial metáfora “Chile debe correr más rápido y saltar más alto”.
Muchos de los chilenos presentes, eso sí, nos retiramos agradecidos de haberlo escuchado en inglés. Son probablemente sus limitaciones angloparlantes las que provocan el abandono de las metáforas de lugares comunes y esa verborrea adjetivesca digna de la elegancia de Arjona en su poesía y música. Salvo por el caso de Bolt e Isinbayeva, por supuesto.


